El “PALACIO PERSA” es, seguramente, la compañía más antigua de España dedicada a la venta y distribución de alfombras confeccionadas a mano.  Ubicado en la bella ciudad de Las Palmas de Gran Canaria desde 1975,  ha distribuido alfombras orientales a todos los rincones de la geografía española. Su fama y selecta clientela avalan nuestro prestigio y fiabilidad, que han ido paralelas a los mejores precios.
Son miles los clientes que hemos atendido y han quedado totalmente satisfechos del asesoramiento de nuestro personal. No podría ser menos pues nuestra preparación y espertizaje son el fruto de muchos años comerciando y buscando las más bellas piezas elaboradas en los mercados  de Persia, Turquía, India y Pakistán. La finura y elegancia de nuestras alfombras, bien por haber sido encargadas especialmente o seleccionadas en los talleres de estos países, lucen ahora en los más elegantes salones y estancias de España.

Cuando hablamos del legendario arte de las alfombras orientales nos tenemos que remontar al Siglo V antes de Cristo, teniendo sus inicios en el Imperio Persa.

   
 
Mas tarde, este primoroso arte de la confección se extendió  por el norte hasta Rusia, al oeste por Turquía y llegando por el este hasta la India. Los mercaderes de Venecia y de otras partes de Italia  importaron las primeras alfombras orientales por considerarlas unas prendas exóticas y de gran valor. En las pinturas de Simone Martini, del siglo XIV,  se pueden ver  ocasionalmente dibujos de alfombras de la Anatolia turca, por lo que podemos deducir que ya eran de uso común en los palacios y en los lugares más privilegiados, compartiendo espacios con otros hermosos enseres y obras de arte.
La elaboración de las alfombras ha sido, a lo largo de la historia, la plasmación del ingenio artesanal, el amor por la armonía, el colorido y la belleza de distintas sociedades. Hay una rica variedad  de procedimientos manuales, donde el gusto artístico y la paciencia han caminado siempre de la mano. Su nombre y categoría proceden de la técnica y el diseño que se usaron y se usan en los más recónditos lugares de Oriente.  En esencia, el procedimiento de elaboración  de estos preciosos tejidos se basó siempre  en el ingenio desarrollado en los viejos telares, donde el primor cuajaba geometrías fantásticas y mezclaba los colores más excitantes. Las lanzadas de los hilos se iban cruzando y formando esas mágicas urdimbres, siempre distinta en su trama.  La forma de sujeción y los hilos de urdimbre fueron evolucionando para formar distintos  tipo de nudo que iban culminando en unas obras más finas y encantadoras. Las urdimbres y tramas suelen hacerse de lana, de algodón, de pelo de ganado o de seda (tanto natural como artificial). Los tipos de nudos más empleados son los llamados turco (simétrico) o persa (asimétrico). Con ellos se han elaborado millones de piezas que han cautivado los gustos y han abonado las más delicadas fantasías.
Las alfombras orientales han acompañado a los hombres en su devenir histórico, confortando sus estancias y dando calor (y color) a sus vidas. Seguirán existiendo como elementos decorativos y de confort en los hogares, no solamente por su belleza y variedad, sino por su prestancia y durabilidad.  El Palacio Persa continúa rebuscando en bazares y telares de todo Oriente, para seguir poniendo a disposición de su clientela las más hermosas piezas que, además, siguen siendo una inversión muy rentable. No debemos olvidar que las alfombras se han situado en los puntos más álgidos de la convivencia humana; el calor y el mito que desprenden cubrirán  por mucho tiempo los espacios más privilegiados de los hombres y sus entrañables entornos.
 
 
 
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